
Durante algún tiempo sus vidas fueron de alegría, dicha y felicidad....los atardeceres se vestían con sus mejores galas para recibir a dos enamorados que tanto y tanto tiempo se habían esperado, el sol bañaba con su pureza ese amor que sentían los dos mutuamente. El destino quiso que aquella alegre y simpatica dama conociera al hombre de sus sueños, y él sentía como el amor llamaba a su puerta y no se resistía a ello porque la amaba como nunca antes lo había echo.

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